Medio Oriente: cambios en el formato de las conversaciones de paz
El pasado mes de septiembre, la administración del Presidente Barack Obama intentó, esperanzada, reiniciar las conversaciones de paz sobre Medio Oriente.
Apenas tres semanas después de la "cumbre" realizada al efecto en la Casa Blanca -en la que participaran Barack Obama, Benjamín Netanyahu y Mahmud Abbas- el premier israelí se negó a extender el congelamiento de la construcción de nuevos asentamientos en los territorios reclamado por los palestinos. Ante ello, los palestinos se negaron a reanudar las tratativas y el proceso quedó empantanado.
Cabe recordar que a lo largo de los últimos 20 meses, tanto los Estados Unidos como los palestinos, habían sostenido que esa prórroga era una condición previa a las conversaciones de paz. Pero Netanyahu -si realmente estuviera dispuesto a aceptar esta exigencia- debería presumiblemente arriesgar la vigencia de su actual coalición derechista de gobierno. Porque tanto "Israel Beiteinu", como el ultraortodoxo partido Shas, no lo acompañarían. Para hacer las cosas más complicadas, el Knesset acaba de sancionar una ley en virtud de la cual el retiro israelí de las alturas del Golán y de Jerusalén. Este deberá ser previamente aprobado por un referendo, lo que agrega al proceso una dificultad adicional. Avanzar ante todas estas realidades no luce nada fácil.
El tema de los asentamientos israelíes es el principal obstáculo inmediato para las conversaciones de paz. No el único, sin embargo. Si nos remontamos a 1967, Israel ya habría afectado algo así como el 40% del territorio de Cisjordania con asentamientos. Ante esto parecería que las autoridades palestinas no tienen espacio para seguir adelante como si nada pasara, sin hipotecar en el corto plazo su propio futuro político inmediato.
La compleja coyuntura parece haber obligado a los Estados Unidos a modificar su estrategia negociadora. Quizás porque, de no hacerlo, el impasse se mantendrá en el tiempo. Pero, además, porque seguir trabajando en procura de una paz duradera es indispensable. A estar a los anuncios recientes de la Secretario de Estado norteamericana, el rol del país del norte se limitará ahora a mantener contacto permanente con las partes para ayudarlas a resolver la larga serie de temas esenciales que aún permanecen abiertos, como: la seguridad, la situación de los refugiados, el futuro de Jerusalén, la delimitación precisa de una posible frontera, las difíciles realidades en Gaza, el impacto político de Hamas, entre otras. Además de cómo resolver, en su momento, la situación concreta de los distintos asentamientos y sin descuidar los temas que tienen que ver con vecinos bien complicados, cuyas realidades y conductas impactan ciertamente en las conversaciones, como son Irán, Siria, Líbano y Jordania. Todos ellos requieren pensamiento primero y decisiones complejas después. Pero se avanzará sin reuniones conjuntas, por ahora.
La semana pasada, ya dentro de un nuevo formato, la Sra. Clinton se reunió -por separado- con el negociador palestino Saeb Erekat y su premier Salam Fayed, así como con el ministro de defensa Ehud Barak y con la líder opositora Tzipi Living. Y, en otra señal de compromiso pese a las dificultades que surgen de la realidad, envió a su representante especial, George J. Mitchell, de regreso a la región.
El nuevo formato parecería derivar del pragmatismo. Si las conversaciones directas no son factibles, acaso las indirectas puedan ayudar a avanzar en los capítulos aún abiertos. Lo cierto es que parecería que ni la actual coalición de gobierno que encabeza el propio Netanyahu, ni la fragilidad política de Abbas permiten, por el momento, seguir adelante con la negociación tal como ella estaba estructurada. La realidad se impone. Habrá que ver qué es lo que sucede con la acción norteamericana en esta misma cuestión en el Consejo de Seguridad de la ONU. Esto es, si la política del veto iniciada -hace ya cuatro décadas- por Richard Nixon se mantiene pese a las nuevas realidades, como parece probable. O no.
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas