Convertidos en referentes de un estilo de vida, viajeros y hasta protagonistas de reality shows, ya se plantan como los sucesores televisivos de las figuras de Hollywood y el rock
La receta, de tan sencilla, puede pasar inadvertida. Sin embargo, alcanza con prender el televisor para enterarse de que la mezcla envolvente de la televisión y el mundo de la cocina resultó en una pantalla chica llena de cocineros devenidos personalidades; de chefs que no sólo revelan secretos culinarios, sino que, en pos de acercar su oficio al público, se muestran ellos mismos: personas en todo su epicúreo esplendor. Y el espectador, ávido consumidor de estilos de vida los recibió con los brazos abiertos y el estómago preparado para ser conquistado. Si las estrellas de Hollywood venden una fantasía de glamour que ya no existe y tal vez nunca existió, las estrellas de las hornallas -herederos del adelantado Gato Dumas-, ofrecen al televidente la posibilidad de creerse bons vivants, al menos hasta el momento de hacer el pedido a la pizzería de la esquina.
El fenómeno tiene sus representantes tanto de aquí como de allá. Partiendo de Maru Botana, pasando por Narda Lepes y Francis Mallmann, hasta aterrizar en Gran Bretaña con Jamie Oliver, Gordon Ramsay y Nigella Lawson, con escala en Nueva York cortesía de Anthony Bourdain, todos ellos, en alguna medida, construyeron sus personalidades televisivas mostrándose tal cual son. Acidos o dulces, hay cocineros para todos los gustos.
En la TV abierta, Maru Botana, desde Sabor a mí -título ejemplificador si los hay-, desde hace tiempo marca la pauta contando historias sobre su infancia y su familia, relatando anécdotas que protagonizan sus hijos y su marido mientras prepara delicias que suelen inspirar nuevas confesiones. "Me gusta que sepan la interioridad de la vida. [Sic] Yo cuento todo", decía hace unas semanas Botana, en una emisión en la que los detalles reveladores de su intimidad les causaron gracia a sus compañeros de equipo. Botana sabe lo que hace. Hace una década, cuando Claudio Villarruel la invitó a pasar del cable a Telefé lo único que le recomendó fue que fuera ella misma, algo que la cocinera viene cumpliendo al pie de la letra.
Soy lo que soy
Si hay un lugar en el que recalan los diletantes de la cocina, esos cocineros de sillón, apasionados por las recetas que en su mayoría no prepararán nunca, es la TV paga. Allí, entre los canales de series, de cine y de noticias, las emisoras dedicadas al arte de cocinar entendieron rápido que de lo que se trata es del arte de vivir y, más específicamente, del vivir bien. Primero estuvieron Utilísima y elgourmet.com -que este año cumplió una década-, y luego se sumaron Discovery Travel & Living, Foxlife y Liv, por nombrar las señales que alojan a los más destacados chefs autorreferenciales.
Al tope de la lista local, aparece Narda Lepes, quien, primero desde elgourmet y ahora por Utilísima, consiguió casi por sí sola cambiar el punto de vista que tienen las mujeres de hoy sobre la cocina. Gracias a sus sabores nuevos, sus conceptos originales -aunque revalorizadores del pasado-, y sus viajes inteligentemente producidos, Lepes completó el círculo. Ese que comenzaba con la cocina como el lugar de opresión de la mujer para llegar hoy a ser símbolo de una independencia femenina feroz. Una mujer que bien puede disfrutar de cocinar al ritmo de la música de Jack Johnson y The Beta Band, como deleitarse con los especiales para las fiestas que Narda protagoniza en Utilísima junto a Choly Berreteaga.
Tan emparentada está Lepes con la figura del cocinero definido por mucho más que sus recetas que este año produjo y narró la serie de FoxLife Café San Juan, en la que el chef y restaurateur Leandro Cristóbal mostró como su vida como skater, padre, hijo, hermano y amigo influye en cada plato que crea para su local. Tatuajes, gorras y una muletilla ("excelente", repetida ad infinitum), convirtieron al dueño de Café San Juan en el nuevo gran personaje del universo culinario televisivo. En las antípodas de este cocinero barrial, pero cool, está Francis Mallmann, la definición del chef hedonista en busca de reconectarse con la naturaleza. Desde un pueblo de Uruguay o en esa Patagonia que recorre a caballo entre reflexiones dignas de un Walt Whitman, Mallmann prepara lo que quiere en el marco de unos paisajes que lo empequeñecen por su belleza. Y ese es el mensaje. Una cocina extramuros que dice mucho, todo, sobre quién la prepara.
Dime con quién cocinas
En el caso de los cocineros televisivos, el viejo refrán de "dime con quién andas y te diré quién eres" podría adaptarse a "dime con quién cocinas y te diré algo sobre cómo eres". Esto ocurre con el ciclo Trocca alla Fontán de elgourmet.com en el que el chef Fernando Trocca y la actriz Claudia Fontán preparan a dúo recetas nacidas en más de veinte años de amistad. Siempre con un invitado dispuesto a comer sus preparaciones y ser testigo de una comunicación hecha de sabores, secretos y anécdotas, los anfitriones celebran frente a cámara el placer de la buena mesa y, sobre todo, de las mejores amistades. Algo similar sucede en Amigos x la cocina, la producción original en formato de documental del mismo canal, que se estrenó en diciembre. En una estancia de la provincia de Buenos Aires, un grupo de reconocidos profesionales de la cocina -Mallmann, Botana, Trocca, Juliana López May, Pablo Massey, Martín Pittaluga, Guzmán Artagaveytia, Martín Arrieta, Vanina Chimeno, Lucia Soria, Santiago Garat y Leonardo Azulay-, se reunió para compartir charlas de cocina y sus muy personales visiones sobre la gastronomía, además del placer de cocinar entre amigos. Una costumbre que Jamie Oliver instaló hace años en la TV británica. Si alguien supo cómo darle una inyección de personalidad y frescura al oficio de chef es el inglés que con poco más de veinte años llegó a la TV de casualidad y pronto se transformó en una de sus personalidades. Allí, Oliver despliega secretos de las recetas más ricas de su repertorio, pero, sobre todo, crea un nuevo modelo de cocinero televisivo: energético, joven, algo atolondrado y siempre dispuesto a mostrar su vida personal. Una década después de aquel debut, el cocinero es dueño de un imperio culinario.
Acido, astringente y a veces difícil de digerir, Anthony Bourdain es el representante del cocinero rebelde, una estrella de rock encerrada entre sartenes, que después de décadas de trabajar en restaurantes escribió un libro en el que revelaba secretos de sus colegas, de él mismo y sus adicciones. De ese revuelo a la TV había sólo un paso que Bourdain dio con su ironía a cuestas. Sin rebajar ni una pizca su malhumor congénito, el cocinero emprendió un viaje infinito y aparentemente inacabable por el mundo, a bordo de sus puntos de vista. En un episodio grabado en Tailandia, aseguraba que para apreciar ese país era ideal tomar un ácido y en esta última temporada dedicó un capítulo entero a explorar diferentes obsesiones relacionadas con la comida mientras faenaba un cochinillo. A pesar de su estilo distante en más de una oportunidad Bourdain utilizó su intimidad en beneficio del programa. Así, con sarcasmo mostró una Navidad en casa de su hermano, con el que tiempo después se embarcó hacia Uruguay para rastrear la historia de un antepasado en tierras latinoamericanas. Con la simpatía de un puerco espín, Bourdain hace uno de los ciclos más interesantes, divertidos y ombliguistas de la televisión.
En la pelea por el lugar de cocinero más antipático de la pantalla chica, Bourdain no le llega ni a los talones a Gordon Ramsay. Si bien el neoyorquino se burla de algunas cosas que ve en sus viajes -por ejemplo, cuando estuvo en la Argentina, San Carlos de Bariloche le pareció el epítome de lo ridículo-, sus ocurrencias son graciosas mientras que las de Ramsay son directamente desagradables. En los dos ciclos que se ven actualmente en el cable, protagonizados por él, Kitchen Nightmares y Hell's Kitchen, el chef británico deja en claro que cocinar requiere muchas agallas y una amplia tolerancia al dolor. Especialmente, si quien dirige la cocina es este señor de insulto y grito humillante siempre a flor de labios. Rastreando los peores restaurantes para brindarles su ayuda, Ramsay despliega un personaje insoportable, pero extrañamente atractivo para quienes miran desde la comodidad de su living cómo sus víctimas tiemblan de miedo ante sus ataques. Para Nigella Lawson, en cambio, la cocina es pura sonrisa, encanto y la posibilidad de disfrutar de la vida en pleno. La cocinera británica suele trabajar desde su casa luminosa, casi de ensueño, en la que prepara ricas comidas sin los estrictos códigos de los profesionales de la cocina. Ella, voluptuosa belleza madura, se esmera por aclarar que su torpeza para la decoración de los platos no disminuye en nada su sabor; que ella es así y que su cocina, por ende, no podría ser de otra manera.