Mina che cosa sei. Elena Roger y Diego Reinhold reflotaron el suceso del año 2003. Ella, ahora, se va a Broadway.
Seis años pasaron entre que Mina... che cosa sei?!? bajó de cartel, el 31 de agosto de 2004, tras un par de temporadas en escena -en el BAC, primero, y más adelante en El Nacional y en el Metropolitan- y su reposición, el jueves, en el Opera City.
Y, aunque algunos sigan diciendo que 20 años no es nada, tanto para Elena Roger, como para Diego Reinhold, Gaby Goldman y Valeria Ambrosio, seis fueron suficientes para pasar de un prometedor comienzo de carrera a un presente con currículums de lujo, y con propuestas que se alinean en lista de espera, mientras juegan por apenas cuatro días, a volver a 2003.
Entonces, sobre el escenario, el tributo a la cantante italiana Mina Mazzini que Roger y Ambrosio crearon por aquellos días revela en sus intérpretes una madurez profesional que se lleva de maravillas con la frescura que cada uno le aporta a sus personajes.
Bajo esa impronta, el espectáculo toma como eje una importante porción de la música popular italiana de los años ‘60 y ‘70 -entre otros, clásicos como Parole, parole , I migliori anni della nostra vida y Un anno d’amore -. En torno a él, Roger y Reinhold le ponen cuerpo y alma a una teatralización que les valió numerosos reconocimientos en su primera etapa.
Así, durante casi dos horas, el tono dramático de buena parte del repertorio se rinde ante el humor y la ironía que ambos despliegan. De tal modo, que la realidad y la ficción llegan a confundirse, a partir de guiños que sólo ellos sabrán -y ojalá jamás confiesen- si son o no parte del guión.
En ese marco, la historia de la intérprete italiana, su personalidad, su aspecto, aparecen más o menos reconocibles, y sirven como excusa para que Roger ratifique su condición de cantante y actriz de excepción al mismo tiempo que le da vida a esa diva y enorme artista que es Mina. Entre la solemnidad y la ternura kitsch, entre la dulzura y el absurdo, la Evita de Lloyd Webber, la Piaf de Pam Gems, despliega un arsenal de recursos que a esta altura no sorprende, pero cautiva, cada vez con más fuerza y adhesión del público.
Roger actúa y canta, baila y canta, corre, y canta, se hamaca, juega, se dobla en dos, y canta, siempre de manera impecable. “Esto es talento, Tinelli”, dispara alguien del público, mientras junto a su partenaire acaban de entregar una particular versión de Lo shampoo . Y nadie se atrevería a contradecirlo. Como tampoco a aquel que, mientras dejaba el Opera atrás acusaba a la protagonista de estar “poseída por el talento”.
Claro que Roger y Reinhold no están solos. En el marco escenográfico diseñado por Ana Repetto, junto a ellos, detrás de ellos, Goldman comanda un cuarteto que, con precisión y soltura, actualiza el repertorio de la cantante sin desvirtuar su esencia. Aunque la balada a veces se vuelva blues y el sonido de aquellos metales estridentes de las orquestas de la RAI modelo ‘60 (y ‘90 también) no tengan lugar, la banda, con un violín en cuentagotas y la percusión y el saxo de Reinhold (sí, también hace eso), completa un combo excento de fisuras que demuestra que los chicos crecieron más que bien.