Entrevista Araceli González Relajada, habla de su vida de pareja, de sus hijos y del desafío profesional de ser la Sally que conoce a Harry. El estreno es esta noche.
Hormonas revolucionadas. Araceli avisa que su estado es de efervescencia absoluta. A punto de estrenar Cuando Harry conoció a Sally , esta noche, en el Teatro Provincial de Mar del Plata, se acumulan en su cuerpo los nervios, la ansiedad y la alegría en un poderoso cóctel. La versión teatral de la famosa película (Ver Un clásico ...) marca su regreso a la temporada veraniega tras 17 años.
¿Cómo estás viviendo este regreso al teatro? Para mí es más un regreso al ruedo porque en este último tiempo me había alejado un poco. Lo último que hice fue en 2007, Mujeres asesinas . El cuerpo me lo estaba pidiendo, nunca había hecho un parate en mi vida, a no ser cuando estaba embarazada y tenía ganas de descansar, de alejarme un poco. Supongo que tiene que ver con la edad, con distintos momentos que uno va viviendo. Estuvo bueno estar un poco afuera porque me permitió afianzar mi relacion con Fabi (N de la R: Fabián Mazzei, su pareja ), bajar un poco los decibeles, entre otras cosas. Creo que es bueno meterse un tiempo para dentro, no escuchar las cosas que se dicen, es sanador. Y a partir de ahí, adquirís otra visión de las cosas.
¿Qué te gustó de este proyecto? Cuando me propusieron hacer la obra me atrajo la idea por varias cosas. Una porque era básicamente comedia, y también por la posibilidad de hacer temporada en Mar del Plata. Es la segunda vez que hago, y la anterior fue hace 17 años. Así que también tiene algo como de debut. Me ofrecieron otras cosas antes, pero preferí esperar y prioricé la idea de intentar una experiencia nueva.
¿Sentís presión por posibles comparaciones por interpretar el mismo personaje que hizo Meg Ryan en el cine? Yo voy a hacer “mi” Sally no la de Meg Ryan. La obra tiene mucho encanto. Es muy simple y compleja a la vez. Pero no la volví a ver útimamente, me quedé con la imagen de cuando la vi hace muchos años para evitar condicionarme. Me gusta trabajar con Manuel González Gil, el director, esta versión que es muy diferente, pasada del cine al teatro. Esta es una puesta muy original. Como es tan fuerte la imagen que quedó de la película, cuesta imaginarlo en teatro, pero se respeta mucho lo que se quiere trasmitir.
¿Sentís más responsabilidad que con cualquier otro personaje? Al principio estaba más relajada, ahora hay mucho nervio. Pero siento que es normal, es parte de la responsabilidad hacia el público, hacia mis compañeros. Pero me motiva mucho esta cosa nueva de estar haciendo temporada. Además, Manuel tiene una manera de dirigir muy articulada que te obliga a estar atenta a diferentes cosas que van apareciendo. Y eso implica mucha profundidad también. Es una comedia que habla de los miedos que tenemos, de frustraciones. Estoy feliz por compartir esta historia con un elenco maravilloso: Graciela Pal, que hizo de mi madre muchas veces y es parte de mi vida; Roberto Catarineu, un señor muy profesional, y bueno, con Raúl Taibo, con quien no tenía la menor idea de cómo iba a ser compartir el escenario y la verdad es que nos unen muchas cosas. Creo que todo se da para que sea un espectáculo exitoso; no hablo en cuanto a público -ojalá que sí- sino de lo que queremos transmitir en escena.
Araceli trasmite naturalidad. Es una mujer que disfruta comunicándose si se siente cómoda. Diez minutos le alcanzan para retocar su maquillaje antes de las fotos. No tiene problemas en devorar un sándwich mientras conversa, tal como lo haría cualquier mortal. Se ríe, gesticula, y confiesa sus espléndidos 43 años, muy lejos de algún atisbo de divismo. Tampoco teme sacar a flor de piel sus contradicciones y temores. Ni confesar, como la mayoría de las mujeres reales, de carne y hueso que “debería empezar a cuidarme más. Agradezco a los genes de mi mamá, Rosita, que tiene 70 años y es divina. Pero nada de cirugías: por ahora, cremas para la piel, cuidado en las comidas y caminar mucho”.
Actriz, empresaria, alguna vez escritora de libros infantiles.¿Todas esas facetas tienen que ver con vos o son oportunidades que aprovechás? Todo tiene que ver con la búsqueda que voy haciendo. Cuando saqué el libro de cuentos, estaba en una etapa de soledad, disfrutaba mucho de mis madrugadas cuando los chicos dormían y empecé a escribir. Seguí investigando, apareció lo de los miedos infantiles y fue algo que me gustó mucho. Yo sé que, a veces es mucho más fácil hacer una sola cosa y poner todas las energías ahí pero todo lo que aparece tiene que ver con la búsqueda. Yo crezco con cada cosa que hago.
La chica de las mil caras también es una madre, más obsesiva y posesiva de lo que uno podría imaginarse, con sus hijos Florencia de 22 y Tomás, de 12. Pero nada de hacerse la madreamiga. “S er una madre joven te permite compartir muchas cosas. Pero los roles de madre e hija están muy bien marcados. Soy responsable del lugar que ocupo: el que entiende bien y el que no, también. En casa vivimos muy relajados, me cuesta mucho más entrar en el ruedo de esta profesión que estar afuera. Eso sí, no me gusta estar sin hacer nada pero a veces tenés etapas de más exposición y tenés que tener cintura para que no te afecte. Yo fui aprendiendo a manejarlo. Voy al supermercado y disfruto mucho, me relajo, nadie entiende que me quede cuatro horas entre las góndolas. Pero me encanta comprar cosas ricas para cocinar y compartir. Me encanta probar cosas nuevas, coleccionar frasquitos, hacer tortas. Soy muy de tener a los chicos en casa y cuando no están no sé qué hacer. Les pido que me llamen cuando salen, cuando llegan, soy muy hinchapelotas. El pobre Toto camina cinco cuadras dentro del country donde vivimos y me llama porque dice que si no, me preocupo. Las amigas de Flopy no pueden creer que sea así. Soy insoportable. Debo ser agotadora para el otro”, confiesa. “Pero a la vez, se divierten porque les cambio todo, todo el tiempo. No les doy margen para que se aburran”.
¿Con tu pareja sos igual? Sí, pero tengo un hombre que me ama mucho y me comprende y por suerte eso no le molesta. Somos complementarios, él es muy tranquilo y relajado, y ya sabe. Cuando me ve así, se retira un rato y vuelve. Estamos en una etapa de madurez, cuando uno logra cierto conocimiento de uno mismo y del otro. Yo antes me imaginaba que podía armar un modelo perfecto de familia tipo Ingalls, para toda la vida y nada que ver. Ahora entiendo que uno encuentra a alguien para cada momento, y estamos en la misma sintonía. No hay competencias, a él le encanta que me vaya bien. El 24 de diciembre cumplimos tres años juntos. Fue un regalito que me trajo Papá Noel.
En tu vida hubo momentos de cambio muy marcados.
Sí, creo que tiene que ver con cosas que voy teniendo ganas de hacer, no quiero que la profesión sea lo central en mi vida. Ahora estoy armando algo muy interesante, que tiene que ver con cosas para comunicar, en relación con cierta responsabilidad social, que ayude a tomar conciencia a todos de este momento. Pero todavía no puedo contar mucho. Sí tiene que ver con caminos internos, con lo que ahora me hace bien. Hay cosas que están marcadas y uno no se puede hacer el boludo con lo que está marcado y además necesito estar activa, informada, conectada con lo creativo. Este es un nuevo momento de cambios: tengo hormonas caminando por la cabeza.