Cuando aprieta el calor, nada mejor que una descarga de refrescante humor provocador para activar las conexiones neuronales. Es el momento de acercarse -o retomar, si ya lo conoces- el irreverente cómic de Ralf König. Y, de paso, conocer los entresijos de ese mundo de lujuria, pecado, alegría y ganas de vivir que la moral católica se empeña en condenar como ?relaciones contra natura?.
Nacido en 1960 en Stoest, Alemania, König, dibujante y guionista, se dio a conocer en el Estado español con la publicación en 1991 de su novela negra gráfica El condón asesino, donde un duro policía gay investiga una serie de extraños asesinatos en los ambientes maricas. En esta sátira ya aparecen algunos de los temas preferidos de König: sus típicos personajes narizotas, mucho sexo libre y desenfadado, considerado un derecho pese a los prejuicios y el ?qué dirán?, hombres musculosos de enormes pollas, una reivindicación de lo gay y la diferencia, amor y más sexo. Mucho humor, sin cortarse con nada ni con nadie. También dirigido a heterosexuales para que entiendan lo homosexual.
Tras la segunda parte de esta novela negra, El retorno del condón asesino, König incursiona en reinvenciones muy particulares de relatos clásicos. Lisístrata, reformulación de la tragedia griega donde las mujeres se declaran en huelga de sexo, es un cómic en el que da rienda suelta a su misoginia (ni las madres salen bien paradas -por represoras- en sus historias) y su manía hacia ciertos planteamientos feministas y lésbicos tachados de represores. O Yago, una relectura del Otelo, Sueño de una noche de verano y Romeo y Julieta de Shakespeare con final feliz y grandes prepucios.
Porque si hay algo que caracteriza a König es la naturalidad con la que aborda el sexo (sus dibujos son explícitos, pero no son porno), las drogas, las relaciones afectivas y los problemas relacionados, como el SIDA (por ejemplo, en La noche más larga). Aunque a veces pueda parecer un mundo frívolo y sin problemas sociales, König evidencia la capacidad del mundo gay, lésbico y transexual de construir otro tipo de relaciones afectivas mucho más flexibles, tolerantes, libres y gozosas que las de la familia judeocristiana.
König retrata el mundo de los sentimientos en historias de amor y comedias costumbristas -Huevos de toro, Pretty baby, El hombre deseado y Podéis besaros- donde el choque entre cosmovisión gay y tabúes sociales da lugar a situaciones delirantes que ridiculizan la moral burguesa predominante, tan bien interiorizada por la gente que se ve a sí misma como moderna, ?progre? y verde.
Pero los dardos de su humor cariñoso también asaetean el mundo homo: sus diferentes ?familias? (locas, machos peludos y viriles, los que no se atreven a salir del armario...), sus manías, mitos, etc. Corazones calientes, mezcla de poemas de amor, textos e historias cortas, o sus recopilatorios de anécdotas, situaciones hilarantes y vida cotidiana gay en Beach boys, Retazos de vida, Bracitos de gitano, y Suspiros de monja y otras mariconadas. Hay incluso un relato de vacaciones: Super Paradise.
Este humor inteligente alcanza incluso al propio autor, que en una autoentrevista, Con la mano izquierda, desnuda su alma.
En Como conejos, pone al descubierto los complejos de los heteros, al contarnos los problemas afectivos de dos vecinos, uno gay y el otro ?normal?. En su última historieta publicada, Roy & Al, dos perros de una pareja gay evidencian los conflictos de clase y culturales.
König ha publicado 17 álbumes, amén de historias cortas en publicaciones de cómic, ha visto parte de sus historias trasladadas al cine y al guiñol, y se ha convertido en un símbolo de la cultura gay.