Libros virtuales en un mundo real, primeras conclusiones
He estado leyendo mucho últimamente, y me queda todavía bastante por leer. Quiero decir: he estado leyendo mucho en la iPad, la Galaxy Tab y el iPhone. También tuve durante unos días un Kindle (pero el grande, así que no cuenta) y los Papyre de Grammata.
No es mi intención encender el debate de si es mejor el libro de papel o los nuevos dispositivos electrónicos. Ya he escrito en otra ocasión al respecto ( www.lanacion.com.ar/967027 ) y todavía sostengo la idea de que no es posible comparar ambas tecnologías. Al menos, de momento.
No obstante ha habido algunos cambios en esta impresión desde que me encontré usando a menudo los dispositivos de lectura para lo mismo que antes hacía con los libros de papel. Es decir, leer durante muchas horas. Me di cuenta de que aunque no se los pueda comparar, vienen a ocupar espacios complementarios. Esto, debo confesar, me parece una gran noticia. Estas son las observaciones que he reunido hasta ahora.
Experiencia sensorial. Gana el libro
El placer de la lectura no termina en la lectura. Uno tiene un contacto muy íntimo con sus libros. Cada uno tiene un peso, un volumen, una textura y un perfume propios. Todo eso desaparece con el dispositivo electrónico. No está ni mal ni bien, simplemente ocurre.
Así, el texto en la pantalla de LCD o de tinta electrónica tiene un carácter desencarnado, incorpóreo. Le falta sangre. O, más bien, savia. Ya lo había señalado en otra nota, pero ahora descubrí que por este motivo me ha costado mantener largas sesiones de lectura con estos equipos, y creo que la razón se encuentra allí, no en que las pantallas todavía no llegan a la calidad del papel. De hecho, las de tinta electrónica son excelentes. No, no se acercan al papel en resolución, pero no cansan para nada al leer. La falta de cuerpo de los textos electrónicos, en cambio, me resultó por momentos muy frustrante.
Que la lectura es una experiencia que trasciende el texto e incluye un placer relacionado con la calidad de la tipografía, la clase de papel y, en el caso de otras publicaciones, las fotos en alta calidad, no es algo secreto ni nuevo, pero pocos lo han señalado cuando se habla de nuevas tecnologías. Una excepción es lo que dijo hace poco en una entrevista Chris Anderson, jefe de redacción de Wired. A su juicio, las revistas en papel tienen todavía esa experiencia sensorial única para ofrecer. No parece, pues, contradictorio que luego de un arranque legendario las ventas de las ediciones para iPad de revistas como Wired, Vanity Fair y GQ hayan bajado en lugar de subir, en los Estados Unidos. No es que les vaya mal ni mucho menos, y hay un gran futuro allí, pero por el momento todavía deben competir con la antiquísima pero todavía irreemplazable experiencia de la página exquisitamente impresa y magníficamente encuadernada. En este artículo de Forbes hay otro análisis, en inglés, de los factores que contribuyen a esta inesperada caída en las ventas ( http://blogs.forbes.com/mashable/2010/12/29/why-magazines-arent-selling-on-the-ipad/?boxes=Homepagechannels ), aunque coincido con Anderson en que una gran revista en papel (pienso en la National Geographic, por ejemplo) pierde mucho cuando se la muda a la pantalla.
¡Títulos, títulos, títulos! Gana el e-book
El dispositivo electrónico, sin embargo, es una maravilla por la enormidad de títulos que están ahí, a un clic y sin fronteras. Gratis o pagos, da igual, miles y miles. Me encantan las librerías reales, pero confieso que esos interminables catálogos con tantos buenos libros que, Wi-Fi de por medio, se bajan en segundos constituyen una tentación irresistible. Esto, que no había experimentado antes, fue una revelación para mí y coloca a cualquiera de estos dispositivos en la lista de fundamentales para quien ame la buena lectura. No me refiero a Amazon, que existe hace mucho, sino a esta cosa casi mágica de encontrar y obtener y ponerse a leer una obra en un minuto o dos.
¿Dónde te gusta leer? Gana el libro.
El dispositivo de lectura electrónico sirve para cualquier lugar donde uno quiera leer, excepto mi favorito: la cama. En el sofá, todo bien. Pero para la cama la iPad es demasiado grande y la Galaxy Tab es difícil de sujetar sin apretar el botón indebido (se me dormían las manos, de hecho). No tuve los Papyre tanto tiempo para establecer cómo funcionan en mi contexto de lectura favorito. La verdad es que, al final, el que mejor resultado me ha dado para leer en la cama es el iPhone. Como no pesa nada y se puede sostener con la misma mano con la que se dan vuelta las páginas (usando el pulgar), pude pasar bastante tiempo leyendo sin sufrir calambres. Por cierto, cuesta un poco seguir el texto en una pantalla tan pequeña, pero fue el único equipo de los que probé que pudo sacarle el lugar al libro de papel en numerosas noches de desvelo.
(A propósito, no menciono el leer al aire libre porque no es algo que haga a menudo. En todo caso, y ya que estamos en época de vacaciones, los aparatos electrónicos no sobrevivirán si los arrojamos al bolso, los abandonamos al sol y los llenamos de arena sin querer. En general, al aire libre, el libro de papel parece ser más apto, incluso sin tomar en consideración si la pantalla es legible bajo el sol.)
Más allá del peso. Gana el libro
Ahora, ¿cómo puede ser que libros convencionales que pesan más que la Galaxy Tab no me hayan producido ninguna incomodidad? Recuerdo haber leído, durante una semana de guardar cama por alguna gripe, obras realmente masivas, como la biografía de Hitler de Ian Kershaw. Me pasaba el día leyendo, y cada uno de los dos tomos pesa como cuatro Galaxy Tab y es más de siete veces más grueso. ¿Entonces? Ocurre que los libros no tienen botones, sus páginas no pasan si uno las toca ni rotan cuando cambiamos de posición, es posible sujetarlos de la forma que nos resulte más cómoda sin producir algún desbarajuste visual y, si se nos cae al piso no habrá daño. Todo esto cambia radicalmente la forma en que usamos uno y otro. Al electrónico debemos operarlo y, llegado el caso, configurar la rotación de pantalla. Al libro lo manipulamos y ya. Así que el asunto no termina de ninguna manera en el peso y dimensiones de los dispositivos electrónicos de lectura. Es más complicado.
Viajes y traslados. Gana el e-book
No obstante, el lector de documentos electrónicos es inmejorable toda vez que queremos llevarnos libros de viaje. Auriculares, varios cientos de libros y discos en los 300 gramos de una tablet o un e-book, y los aviones y aeropuertos nunca más constituirán un motivo de aburrimiento. Lo mismo dirá el alumno o el profesor que hasta ahora se veían obligados a cargar toneladas de volúmenes de papel y gracias a las nuevas tecnologías pueden llevar todo eso en el bolsillo más chico de la mochila. O, en vacaciones, el que sufre una seguidilla de cuatro días de lluvia.
Herramientas. Empate
Aquí la partida termina en tablas y gana un convidado de piedra. Todo depende de qué queramos hacer. Por un lado, subrayar y señalar un volumen convencional usando birome, lápiz o resaltador y pedacitos de papel es inmejorable. Pero las búsquedas dentro de un texto electrónico no tienen igual, lo mismo que los diccionarios y otras obras de consulta. Leer en un idioma extranjero cotejando un grueso diccionario de papel es realmente incómodo y cansador. En un dispositivo electrónico esta función viene integrada ( Stanza , iBooks en iPhone y iPad). Y si no es así pasamos al browser y usamos cualquier diccionario online. Además, el dispositivo electrónico (y por favor no sacar esta frase de contexto) expande el relato de formas muy interesantes. ¿El autor menciona con insistencia un ave? Con unos pocos clics podemos encontrar una foto y hasta oír cómo es su canto. El Horror De Dunwich , de Lovecraft, no es el mismo después de haber experimentado los endemoniados gritos de esos pájaros.
El dilema se presenta cuando necesitamos trabajar con varios libros a la vez. Este es otro de los temas que, mágicamente, nunca se mencionan al hablar de los e-books. Con mucha frecuencia trabajamos con cuatro o cinco libros al mismo tiempo, cada uno con veinte, treinta, cincuenta señaladores y cientos de subrayados. ¿Cómo replicar esto con una iPad, la Galaxy Tab o el Kindle? Simple: no se puede, excepto comprando una docena de estos dispositivos y luchando para aplicar subrayados, anotaciones y señaladores, marcas que, como ya sabemos, podrían evaporarse si no nos ocupamos de hacer una copia de respaldo.
Y es una pena, porque con un poco de inventiva se podría simplificar bastante el manejo simultáneo de varias obras y combinarlo con las herramientas de búsqueda y consulta. Falta, todavía, el dispositivo pensado para algo más que sentarse a leer.
¿Y el convidado de piedra? Para trabajar con muchos libros a la vez la computadora personal gana por varios cuerpos. Con una pantalla más grande y un teclado físico ( Alt+Tab , fundamental) permite cotejar, marcar, buscar, señalar y citar docenas de documentos de texto simultáneamente, algo que con obras en papel siempre fue un poco esforzado y con las tablets e e-books resulta casi imposible.
Hasta aquí mis primeras experiencias serias y realistas con las nuevas formas de leer. Quienes tengan otras visiones, otras sensaciones, comenten, así podemos producir una mirada crítica que servirá tanto para elegir el medio de lectura correcto como para sugerir nuevas y mejores soluciones para esta industria que recién empieza.