Entrevista exclusiva. El actor habla de Los pequeños Fockers. En el Festival de Doha, Qatar, que produce su compañía Tribeca, el mítico intérprete presentó el último capítulo de la saga más exitosa de toda su carrera, que llega aquí el 6 de enero. Y, sincero, dijo que la hizo por dinero.
Debe hacer 40° a la sombra, pero acá no hay sombra. Estamos en Doha, capital de Qatar, en el festival de cine de esta ciudad que crece y se expande hacia arriba. Acá está Robert De Niro, que es uno de los organizadores del festival con su Tribeca Enterprises, y está a punto de hacer una de las cosas que más odia: hablar en público. Es su festival, en un punto, y es para hablar de la saga que más dinero le dio en su vida, de la que ahora estrena su tercera parte, Los pequeños Fockers. Casi no le queda otra y la cara de resignación lo dice todo. Al menos, uno piensa, nos servirá para escapar del sol y ver al mito en persona. Lo demás, se verá. ¿Quién sabe? Tal vez aquí se suelte...
Hace tiempo que viene haciendo comedias, ¿algún motivo en especial?
Las disfruto, me divierto hacerlas.
No tiene que prepararse tanto...
Es una preparación diferente. El error puede funcionar para el personaje y eso es algo que no pasa tanto cuando hacés un drama. Surgen cosas divertidas inesperadamente...
Su personaje de “Fockers” se convierte cada vez más en una suma de otros papeles que ya hizo antes...
Siempre fue así, la idea nació de esa manera. El guión de la primera película se había escrito para Jim Carrey (el papel de Stiller) y la idea central era: ¿qué pasa si vas a visitar a tu suegro y resulta que es Robert De Niro? La idea de usar cosas de otros papeles y que eso fuera una pesadilla para el yerno estaba ahí.
Fue todo un cambio pasar de Carrey a Stiller, ¿cómo es trabajar con él haciendo comedia, su especialidad?
Es un gran actor, trabaja muy bien con las reacciones más sutiles, logra hacerte reír con ese tipo de cosas.
Uno imagina que improvisan mucho estando juntos, ¿no?
No tanto como se piensa, hay cosas improvisadas pero no demasiadas.
¿Tiene algo que ver con el personaje en cuanto a lo severo y estricto en su vida personal, familiar?
No, no soy para nada estricto con mis hijos, no me veo parecido a él. Algunas similaridades obviamente hay, pero soy muy diferente.
Como “actor del método” ha tenido que usar cosas de su vida para sus roles. ¿Eso acá no sucede?
Acá sacás lo que mejor funciona. A veces probás cosas y salen bien, y otras veces no. Lo que hacemos es una lectura en mesa del guión y vemos lo que queda bien y lo que no, lo que nos hace reir y lo que no.
Alguna vez dijo que lo que le gustaba de ser actor es que podía tener las vidas de determinadas personas sin tener que pagar las consecuencias.
Es así. Por mi trabajo pude conocer personajes, profesiones y estilos de vida, e interpretarlos, sin tener que vivirlas realmente. Lo recreás, te acercás a eso, pero no pagás el precio. No me van a matar ni mataré a alguien. Una vez un periodista me preguntó si había matado a alguien (risas). No, nunca maté a nadie.
¿Se dirigiría a sí mismo en una película, como protagonista?
Lo hice, un poco, pero me cuesta. Algunos actores/directores lo hacen, pero no me gusta hacer la escena, tener que ir al video, ver cómo salió, volver. Uno debe estar metido en lo que hace, sea actuar o dirigir. Se pierde tiempo. En las películas que dirigí, además, tuve que producirlas, buscar dinero, es agotador.
La comedia es un género difícil de exportar, sin embargo esta saga funciona muy bien internacionalmente. ¿Cuál supone que es el motivo?
No lo sé. El que dice que sabe, miente. La gente cree tener las respuestas, pero el éxito es imprevisible. Tal vez el tema que cuenta sea universal y el motivo del éxito sea ese.
La socia de De Niro y la “persona de los números” en Tribeca es Jane Rosenthal y ella cree que la saga es un éxito porque las películas funcionan “con los cuatro cuadrantes, los distintos tipos de públicos, por sexo y por edades”. La misma Rosenthal dirá también que, si funciona esta tercera parte, ya hay planeada una cuarta, “con los abuelos cuidando a los chicos cuando los padres salen de vacaciones, por ejemplo, a Oriente medio”. Pero De Niro sólo revela del todo su instinto comercial más adelante, cuando se le pregunta concretamente cuál es el secreto de estas películas que lo hacen volver.
“El dinero -dirá-. Seamos honestos, son muy exitosas y lucrativas”.
¿Ese es el único motivo que lo impulsa a actuar a esta altura?
No, pero en este caso, cuando te encontrás con un fenómeno como Fockers, que se escapa de tu control, serías un idiota si no lo aprovechás. Disfruto hacerlas, me divierto, que quede claro. Hay películas que hacés buscando impacto, o cambiar el mundo, o expresar tus opiniones. Y otras que las hacés porque las disfrutás y ganás buen dinero.
Podrían hacerlas por años, como Bing Crosby y Bob Hope...
No es tan sencillo, tenés que tener cuidado. Tenés que tener un buen guión y eso toma tiempo. Una secuela hecha a las apuradas puede arruinar toda una franquicia. Cuando hicimos la primera no teníamos idea que iba a funcionar tan bien. Es una cosa mágica que la gente se enganche, sucede o no sucede.
¿Siente que Hollywood cada vez está más centrado en grandes producciones y superhéroes y hay cada vez menos lugar para un cine personal?
En la próxima deberíamos usar capas, ¿no? (risas) Creo que con el tiempo estas películas van a ser cada vez más difíciles de hacer, salvo que sean muy muy baratas...
Yo me refería más a otras películas, como las que hacía con Scorsese...
Tenemos un proyecto muy grande y muy avanzado con Marty que filmaremos el año que viene (se refiere a The Irishman). Pero siempre hago películas pensando en que serán memorables y no muchas terminan siéndolo. Hay muchas cosas que filmé pensando en que iban a ser tan impactantes como Taxi Driver y no lo fueron. Y, en cambio, cuando hicimos esa película pasó todo lo contrario, no sabíamos que íbamos a tocar un nervio de la gente...
Le molestan las críticas que dicen que ya sus películas y sus papeles no son tan buenos como antes...
No leo críticas, pero sé que son duros con estas películas. Me gusta tener un feedback, aunque sea negativo, pero los críticos pueden ser crueles y eso me molesta. Me gusta saber cómo se ve la cosa del otro lado, tener otra perspectiva, porque cuando dirigís, por ejemplo, estás tan metido años en ese universo y no tenés idea cómo lo ven de afuera. Por eso trato de no ir a funciones previas de filmes de amigos. Querés ser honesto y ayudar, pero si criticás es como criticarle un hijo.
Esta saga no fue bien tratada...
Dicen que cuando peores son las críticas mejor funcionan las películas, ¿no? (risas). No lo sé, pero Jane dice que jamás hemos tenido una crítica buena en toda la saga...
¿Hay directores de otros países con los que le gustaría trabajar?
Con Tornatore no trabajé, pero estuve a punto. Trabajar con Bertolucci fue increíble o con Sergio Leone. Ahora voy a trabajar con Rodrigo Cortés, un director español (Enterrado). El guión es buenísimo.
Tiene fama de ser difícil de entrevistar. ¿Qué le molesta tanto?
No me molesta, es que trato de ser honesto. A veces, cuando me hacen una pregunta y respondo “Sí” o “No”, siento que esa es la respuesta que la pregunta requiere. No quiero ser sarcástico ni irrespetuoso.